domingo, 30 de noviembre de 2008

Acción de Gracias

El jueves de esta semana los estadounidenses celebraron el Día de Acción de Gracias. En ese día, nosotros los creyentes dedicamos tiempo a reflexionar sobre los dones que Dios ha traído a nuestras vidas y a darle gracias por ellos. Como yo soy creyente, me uno a esa celebración y ese ejercicio de gratitud. Permítanme entonces tomar un descanso del combate por esta semana y a enumerar brevemente algunos de los muchos dones que la gracia de Dios me ha concedido.

Doy gracias a Dios por mi familia en Puerto Rico, porque aún en la distancia han sido mi apoyo en los momentos en que más lo necesitaba.

Doy gracias a Dios por los amigos de siempre, que han sido la familia extendida que, si no mi sangre, la vida me ha dado.

Doy gracias a Dios por los nuevos amigos y compañeros de lucha que ha traído a mi vida este año, dejándome saber así que no estoy solo en esta lucha.

Doy gracias a Dios porque está restableciendo multiplicado todo lo que la vida me había quitado.

Doy gracias a Dios por la prosperidad que ha comenzado a florecer en mi vida, luego de una larga estación de limitaciones y necesidades.

Doy gracias a Dios por mi salud, salud para luchar las luchas de hoy y las que vendrán mañana.

Doy gracias a Dios por la Primera Iglesia Metodista Unida de Montclair, Nueva Jersey, porque en el momento en que mis tinieblas eran más oscuras, ella fue el instrumento usado por Dios para devolverme la esperanza.

Doy gracias a Dios por darme un trabajo que me gusta y en el que tengo un futuro profesional lleno de posibilidades.

Doy gracias a Dios por el privilegio de ser padre adoptivo, el privilegio de brindarle a una niña el amor y el cuidado que todo niño necesita y merece.

Y sobre todas las cosas, doy gracias a Dios por mi hija Sofía Isabel, definitivamente el más grande e importante de todos sus dones.

Por todo lo anterior, gracias Dios.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Por los derechos de las mujeres


Digo que los derechos de los hombres no son sólo los derechos de los padres: son también los derechos de las mujeres.

Digo que nuestra lucha por los derechos de los hombres es también la lucha por los derechos de las mujeres, por que si bien es cierto que en las cortes de familia aún la balanza se inclina a favor de las madres, en un futuro muy cercano, cuando las leyes protejan los derechos de ambos progenitores no importa su género, debemos asegurarnos de que esas leyes estén formuladas de manera que la balanza no se incline en la dirección contraria, algo que ha ocurrido infinitas veces en la historia cuando llega el momento de los ajustes y la correcciones (¿recuerdan la Revolución Francesa? ¿Y a la violencia urbana desatada en la Sudáfrica posterior a la caída del apartheid?). Sólo mediante leyes claras y cortes justas podremos realizar esta tarea.

Digo que nuestra lucha por los derechos de los hombres es también la lucha por los derechos de las mujeres, porque el actual estado de las leyes perpetúa el fósil ideológico que afirma que los hombres pertenecen a la calle y las mujeres a la casa con los niños, limitando así el espectro de acción de las mujeres divorciadas con hijos. Y esto va desde lo extraordinario a lo ordinario, desde la mujer que desde que se divorció ha tenido que relegar su carrera profesional a un segundo plano porque no tiene tiempo para ella, hasta la que, como una mujer confesó a un militante pro custodia compartida en Puerto Rico hacía años que no iba al cine porque la situación posterior al divorcio había truncado su vida social. Luchamos por leyes justas que asignen iguales responsabilidades a hombres y a mujeres, leyes que inserten a los hombres en la vida familiar que les corresponde por derecho propio, y liberarían a las mujeres de tener que cargar totalmente con la crianza de los hijos.

Digo que nuestra lucha por los derechos de los hombres es también la lucha por los derechos de las mujeres, porque en el estado actual de las cosas, a aquellas mujeres que les ha tocado vivir con hombres divorciados con hijos, viven con la tensión continua de compartir la presión emocional social y económica a la que las leyes actuales les somete. No hay peor enemigo para un nuevo matrimonio que una antigua esposa que se dedique a sabotearlo.

Digo que nuestra lucha por los derechos de los hombres es también la lucha por los derechos de las mujeres, porque muchísimas tías, abuelas, madrinas y otros familiares de hijos de padres divorciados se ven negadas de contacto con los niños que aman, porque cuando las cortes bloquean el contacto de los padres con sus hijos no sólo los bloquean a ellos, sino a toda su familia.

Es por todo esto que no es extraño entonces que líderes de grupos pro custodia compartida, como Ana Isabel Gorduño de Amor de Papá en México y Anneliese Garrison de Parents Without Custody of Southern New Jersey sean mujeres. Ellas han comprendido qué es lo que está en juego en esta lucha.

Ya es hora de que hombres y mujeres seamos iguales ante las leyes. Luchemos por conseguir esta igualdad. Nuestros hijos nos esperan.

sábado, 15 de noviembre de 2008

La industria de la madre soltera

El domingo pasado toqué el tema de las elecciones en Puerto Rico y de cómo éstas pudieran significar un cambio en las políticas del estado respecto a las leyes de familia, cambio a favor de leyes que simultáneamente protejan a los niños y traten justamente a los padres.

Pido a mis lectores que no son puertorriqueños un poco de paciencia en lo que vuelvo a hablar de mi país para discutir un problema que me parece no es exclusivo de Puerto Rico, ya que tiene múltiples encarnaciones más sutiles en muchos otros lugares.

En muchas sociedades contemporáneas la madre soltera se ha convertido en un objeto sagrado, en algo intocable que no puede ser cuestionado, porque el consenso universal, patrocinado por la tiranía de la corrección política, afirma que las madres solteras son una especie de mártires sociales que todos debemos compadecer y sentirnos obligados a ayudar y a sostener económicamente. Esta noción se difunde por los medios de comunicación masivos, aunque a todas luces la proliferación de madres solteras sea más que nada el síntoma de un mal social, la disolución del núcleo familiar, que a su vez produce una larga secuencia de otros males sociales: niños criados sin figura paterna, niños que debido a esto tienen más propensión a la criminalidad, a la depresión, a la promiscuidad, etc. (Stephen Dubner y Steven Levitt, autores de Freakonomics, proponen que la drástica reducción de la criminalidad en Estados Unidos posterior a Roe versus Wade se debió precisamente a Roe versus Wade, ya que esta decisión redujo dramáticamente la cantidad de niños criados por madres solteras, niños que, como muchos estudios han demostrado, tienen el doble de probabilidades de convertirse en criminales que los niños criados por ambos padres.)

Puerto Rico es un caso extremo de esta canonización de la madre soltera y de la conversión de esta canonización en una industria. Muchas mujeres han descubierto una manera fácil de ganarse la vida: tener hijos y vivir de las pensiones alimenticias. Y no hablo de aquella mujer que ha tenido que divorciarse y que ahora lucha para rehacer su vida y que recibe pensión alimenticia para ayudarla a criar a sus hijos. Hablo de aquellas mujeres que en Puerto Rico viven de la maternidad, ya sea porque la pensión alimenticia que reciben les sirve para mantenerse a ellas y no al niño, o peor aún, porque son madres en serie que tienen hijos de distintos hombres para poder vivir exclusivamente de las pensiones alimenticias que reciben de dichos hombres.

La actual ley de pensiones alimenticias pervierte todo el proceso de sostenimiento económico de los hijos, contaminándolo desde su base. La presente situación se sostiene sobre tres patas igualmente perniciosas:

Primero, la absoluta desproporción entre las obligaciones de ambas partes, exigiéndole a una (el padre) aportaciones mucho mayores que las exigidas a la otra parte (la madre). La desproporción es tal y la carga es tan onerosa para los padres, que la mayoría de las veces está más allá de sus posibilidades reales y termina llevando a muchos a la bancarrota, a otros muchos a la cárcel, a algunos al suicidio, y les bloquea las posibilidades de reconstruir sus vidas después del divorcio. Para colmo de la injuria, la otra parte puede incluso quedarse sin trabajar, porque el estado no cree que tenga que aportar nada a la carga económica de la crianza de los hijos.

Segundo, la absoluta falta de fiscalización y de controles que aseguren que el dinero aportado a las pensiones alimenticias será usado en los niños. Conozco de un caso en el cual un padre llama a ASUME, la agencia de gobierno que se encarga de administrar las pensiones alimenticias, para denunciar que uno de sus cheques de pensión alimenticia había sido cambiado en un casino de San Juan, sólo para que un funcionario le dijera que su deber era pagar la pensión, y que una vez que ésta llegara a las manos de su ex–esposa ella podía usarla en lo que mejor le pareciera. Ahora, denme una razón para pagar pensión alimenticia. Mientras el gobierno no implemente mecanismos que aseguren que el dinero aportado para los niños será utilizado en los niños, las pensiones alimenticias seguirán siendo usadas por madres inescrupulosas como un medio más de ganarse la vida.

Y tercero y más importante y revelador que lo anterior, la epidemia de madres solteras en Puerto Rico es el resultado directo de la política discriminatoria de las cortes de familia, las cuales adjudican a las mujeres la custodia de los hijos en la casi totalidad de los casos. Como en las leyendas urbanas en las que un villano amputa las piernas de un niño para luego obligarlo a pedir limosna en las calles, en Puerto Rico se le niega la custodia compartida de sus hijos a los padres para luego pedirle al país que sienta compasión de las mujeres que tienen que criar solas a sus hijos. No se puede encontrar un mejor ejemplo de una conciencia social mal intencionada.

La madre soltera, tal y como está concebida en el discurso social puertorriqueño, es una creación política que tiene el propósito de crear un grupo de votantes fieles al partido que proteja sus privilegios, no importa que para ello se sacrifiquen los derechos de gran parte de la población, entiéndase niños y padres.

Digo algo que por sabido no se dice, pero que vale la pena traer a esta discusión: los políticos no buscan el bien del país, sino su propia perpetuación en el poder. Debido a que las mujeres componen la mayoría del electorado puertorriqueño, los políticos no han querido arriesgarse a perder los votos de este sector, y lo han convertido en un sector privilegiado, eximiéndole de las responsabilidades que se exigen a los demás, en este caso, de sostener económicamente a sus hijos. Pregúntense: ¿Cuándo fue la última vez que oyeron que una mujer haya ido a la cárcel por no pagar pensión alimenticia? ¿Nunca? Eso pensé.

La insufrible pasividad y cobardía de los hombres han sido vehículos fundamentales para que esta situación haya llegado a donde ha llegado. Sin ellas el estado actual de nuestras leyes de familia no se hubiera sostenido. Ya es hora de que esto cambie.

Nuestros hijos nos esperan.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Sobre las elecciones en Puerto Rico


Debo comenzar aclarando que no soy simpatizante del Partido Nuevo Progresista (PNP), el partido que ganó el pasado martes las elecciones en Puerto Rico. Hasta el año 2002, año en que me mudé de Puerto Rico a Nueva Jersey, milité en el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), y todavía hoy creo que la mejor opción para el futuro de mi país es la independencia. Debo aclarar también que no siento hacia el Partido Popular Democrático (PPD), el partido gobernante aún y que perdió estas elecciones, el rechazo visceral que el PIP tradicionalmente ha sentido hacia él. Si el PPD abrazara el ideal autonomista soberanista que propulsa su ala izquierda, su propuesta política sería tan válida como la independencia.

Dicho esto, debo decir que si el PNP cumple sus promesas y se dedica a cumplir su propuesta plataforma de gobierno, su victoria podría ser lo mejor que le haya pasado a la institución familiar en Puerto Rico.

Por razones que combinan la más vulgar lógica electorera (las mujeres son más que los hombres y votan en una proporción más grandes que ellos, por lo tanto, no se debe hacer nada que pueda espantar sus votos) y una perversa interpretación del movimiento feminista (la mayoría del feminismo puertorriqueño no promueve la igualdad entre los géneros, sino una especie de supremacismo femenino), tanto el PPD como el PIP se han opuesto vehementemente a todos los intentos de aprobar leyes que promuevan la custodia compartida y que establezcan parámetros justos para las pensiones alimenticias. Cuando durante esta administración se sometió para la a probación de la legislatura una excelente ley de custodia compartida, el gobierno enfiló todos sus cañones contra él, desde el Departamento de Justicia, la Administración de Tribunales hasta, vergonzosamente, el Departamento de la Familia.

El PNP incluye en su plataforma de gobierno (Juntos hacia el cambio, www.fortunogobernador.com/images/PLANDEGOBIERNOPNP2009-2012.pdf) una sección dedicada a sus propuestas relacionadas a la familia (p. 147-50), y entre incluye promesas de promover la custodia compartida siempre que sea posible y la revisión de leyes de pensiones alimenticias ha unas más justas. Ahora que el PNP ha ganado, los puertorriqueños debemos dedicar los próximos cuatro años a recordarle que cumpla lo que promete su plataforma. Si lo hace, se convertiría en el primer partido puertorriqueño que hace realmente algo para remediar el acelerado deterioro de la sociedad puertorriqueña.

Por el bien de Puerto Rico, confiemos en que el PNP cumpla sus promesas. Todos nosotros debemos continuar recordándoselas.

Nuestros hijos nos esperan.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Contra la resignación


…el reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.
Jesucristo

La resignación es cobardía. Aceptar la vida tal como se nos presenta, aceptar la injusticia y la desigualdad como si fueran parte inevitable de la vida, es cobardía.

Por eso, porque ningún ser humano está obligado a resignarse con menos de lo merece, porque ningún ser humano tiene que sufrir calladamente los embates de la vida, la única opción que nos queda es la lucha valiente, la lucha incesante, la lucha hasta el final victorioso.

Por eso, cada vez que escucho alguien decirme que debo alegrarme con que al menos yo puedo ver mi hija, cuando otros padres no pueden ni siquiera eso, sus palabras, lejos de servirme de consuelo, no pasan de ser un bien intencionado insulto.

Me pregunto qué hubieran contestado Martin Luther King y Malcolm X, si durante la efervescencia del movimiento en pro de los derechos civiles de los negros, alguien les hubiera dicho que deberían sentirse satisfechos de que al menos ya no eran esclavos. Yo estoy convencido de ambos se hubieran sentido tan ofendidos como me siento yo cuando alguien me pide que me resigne con el estado actual de las leyes de custodia, estado que perpetúa la desigualdad de los géneros al primar el rol de la madre sobre el de padre

La vida humana sin dignidad no es vida humana. Y vivir una vida de segunda clase, ser degradado de padre a vicepadre, es indigno. Cualquier cosa menos que la igualdad es inaceptable. Ningún ser humano deber aceptar ser tratado como menos de lo que es. Somos padres, no niñeros de nuestros hijos, no el señor que los visita de vez en cuando y que sólo es importante para suplir dinero. Somos padres y ya es hora de que exijamos ser tratados como tales.

No podemos aceptar que la inmensa mayoría de las custodia se otorguen indiscriminadamente a un género, desechando los derechos del otro. No podemos aceptar que la carga económica de la crianza de los hijos recaiga sobre un género, dejando que el otro utilice el dinero asignado a la crianza de los hijos sin ningún control que verifique que dinero está siendo usado para lo que se asignó. No podemos aceptar que niños que no son huérfanos sean obligados a vivir como tales por decreto de las cortes.

Ya es hora de que la lucha comience.

Nuestros hijos nos esperan.

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