domingo, 24 de enero de 2010

Los abuelos y la custodia compartida

Recientemente me llegó desde España (“Los abuelos por la custodia compartida piden a la UE poder ver a sus nietos”) una noticia que me hizo recordar una de las muchas caras de la tragedia que viven muchas familias después de un divorcio.

Representantes de la Asociación de Abuelos y Abuelas por la Custodia Compartida (ASACCO) de Cataluña se entrevistarán en Bruselas con miembros de la dirección de Justicia Civil de la Comisión Europea, a los que expondrán la imposibilidad de ver de forma habitual a sus nietos tras el divorcio de sus hijos.

La Asociación considera que no se les respeta su derecho a relacionarse con sus nietos, y que las cortes españolas propician “una práctica jurídica viciada que impide la consecución de una auténtica justicia" en estos casos. La Asociación cree que la actual ley española contra la violencia de género "causa estragos" en la vida de estas familias, privando a los hijos de padres divorciados de una relación saludable con sus familias extendidas.

No debemos olvidar nunca que las actuales leyes de familia afectan no solamente a los padres divorciados, sino a la totalidad de las familias involucradas, tíos, abuelos, primos, quienes luego del divorcio también pierden a sus seres queridos. Es por esto, porque todos tenemos parejas divorciadas en nuestras familias, que no sólo los padres, sino que todos deberían estar comprometidos con la lucha por la reforma de las cortes de familia y de las leyes que las rigen. Gracias a Dios por gente como los miembros de ASACCO, que se han concientizado de que cuando un miembro de una familia sufre, todos los miembros de esa familia sufren también.

domingo, 17 de enero de 2010

Cathy Young y la guerra de los géneros

Cathy Young (Moscú 1963), autora, oradora, y columnista regular para The Boston Globe y Reason, sus artículos han aparecido también en el New York Times, The Wall Street Journal, The Washington Post, The Philadelphia Inquirer, Newsday, The American Spectator, Salon.Com, National Review, y The New Republic. Publicó en el 1999 el libro Ceasefire!: Why Women and Men Must Join Forces to Achieve True Equality ((Alto al fuego! Por qué mujeres y hombres deben unir fuerzas para alcanzar verdadera igualdad).

En su libro, Young declara que no hay una Guerra en contra de las mujeres, y refuta un serie de asuntos controversiales, desde la incidencia de violencia doméstica (no es tan frecuente como los medios de comunicación feministas quieren hacernos creer), la naturaleza de la violencia doméstica (ella afirma que la violencia doméstica es una calle de dos direcciones: investigadores de la Universidad de New Hampshire reportan consistentemente que las mujeres inician violencia física tan frecuentemente como los hombres. Además estudios recientes revelan que las lesbianas tienen también una alta frecuencia de violencia hacia sus compañeras. Los medios de comunicación esconde o reporta mal estos datos, fomentando de esta forma legislación construida sobre presunciones falsas), que la violencia masculina está dirigida principalmente en contra de las mujeres, o que las niñas son ignoradas en el salón de clase.

Ella ofrece evidencia que éstos y otros credos feministas básicos están equivocados, debido principalmente a la propensión feminista a la exageración, al estereotipo, a la sobregeneralización basadas en poca o ninguna evidencia.

Young argumenta que la batalla por la igualdad de derechos no es una excusa para retratar a los hombres como fundamentalmente malévolos. Ella explica que en los '80s, un sector radical del feminismo se convirtió en el principal y la igualdad para las mujeres comenzó a significar desigualdades para los hombres; es en este momento cuando ella y muchos otros se volvieron parte de una nueva marca de feminismo que busca una verdadera igualdad.

Un buen ejemplo de esta actitud hacia una igualdad desigual, y la que más le importa a nuestra causa, es la actitud de estas feministas hacia la custodia compartida. Mientras que condenan a los hombres por no contribuir lo suficiente en la crianza de los hijos, al mismo tiempo exigen que las mujeres tengan automáticamente la custodia de los hijos posterior al divorcio, porque ellas tienen la capacidad inherente de cuidar niños, mientras que los hombres no. Young establece un punto interesante aquí: como creía la moral victoriana, estas feministas creen que las mujeres son los frágiles guardianes del bien que deben ser colocadas en pedestales y protegidas. Young inteligentemente señala esta "extraña convergencia de feminismo radical y conservadurismo patriarcal – y la enajenación de ambas ideologías de la vida real”. Extrañamente, los argumentos los fundamentalistas cristianos de los “Promise Keepers” y la Organización Nacional de Mujeres están basados en las mismas premisas.

Young creen que mujeres y hombres deben aprender a llevarse bien. Las mujeres tienen hijos, esposos, padres y hermanos. Porque tenemos familias, no podemos batallar uno en contra del otro, tenemos que trabajar juntos, tenemos que buscar el bienestar el uno del otro. En el capítulo final de Ceasefire, Young propone un programa de doce pasos para detener la guerra de los géneros. Estos pasos incluyen:

-No asumir que el sexismo es la raíz fundamental de de los problemas de la mujeres.

-Rescribir las leyes de acoso sexual.

-Exigir que maridos y esposas tengan igualdad como padres.

-Sacar a la política de géneros de la Guerra sobre violencia doméstica.

-Parar de actuar como si los reclamos de las mujeres fueran más legítimos que los de los hombres.

En síntesis, el libro está bien escrito, bien argumentado, y cuidadosamente razonado, el libro que debe ser leído por cualquiera interesado en una verdadera igualdad entre los géneros.

domingo, 3 de enero de 2010

La necesidad biológica de tener padre

En la página web de la revista británica New Scientist, Linda Geddes escribió un artículo irónicamente titulado “Fathers aren't dispensable just yet” (“Los padres no son desechables todavía”), en el cual comenta sobre las recientes investigaciones hechas sobre las implicaciones biológicas de la paternidad. Estás investigaciones muestran evidencia bioquímica en ratones y en gente que sugiere que los padres pudieran jugar un rol clave en la crianza de sus hijos.

Varios estudios ya han indicado los efectos sociológicos y sicológicos de la carencia del padre en niñas y niños. Las niñas alcanzan la pubertad más temprano, se vuelven sexualmente activas más temprano y son más propensas a quedar embarazadas en su adolescencia si el padre ha estado ausente (Mairi Macleod, “Why are girls growing up so fast?”). Otros estudios sugieren que los hijos de padres ausentes muestran una menor capacidad de intimidad y autoestima.

Pero estudios recientes están indicando que la carencia de padre tiene también implicaciones fisiológicas. Gabriella Gobbi del Centro de Salud de la Universidad de McGill en Montreal, estudió los ratones de California, una especie en la cual ambos padres crían a su progenie juntos. Su colega Francis Bambico presentó sus hallazgos en el Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica en París, Francia, en julio de este año.

Los investigadores removieron a los padres de algunos de las crías de ratón, y observaron la actividad de células cerebrales en la corteza prefrontal, un área relacionada con la interacción social y la expresión de la personalidad. Las células en las crías privadas de padres tenían una baja respuesta a la hormona oxitocina, la cual es normalmente liberada durante las interacciones sociales y el establecimiento de vínculos. Como resultado de esto, los ratones sin padre estaban menos interesados en relacionarse con otros ratones. "Usualmente si uno pone dos animales en la misma jaula ellos se investigan y se tocan el uno al otro, pero cuando ponemos juntos dos animales privados de padre ellos se ignoraban el uno al otro”, dice Gobbi.

Estos hallazgos no son los únicos que apuntan a la previamente negada naturaleza biológica de la paternidad. Hay evidencia de que cuando los hombres se convierten en padres pasan por cambios bioquímicos que afectan su comportamiento. Ruth Feldman de la Universidad Bar-Ilan en Ramat-Gan, Israel, estudió 80 parejas, y encontró que la transición a la paternidad estaba asociada con incrementos en la oxitocina tanto en las madres como en los padres.
Feldman también encontró que la oxitocina tiene efectos diferentes en cada sexo. En las madres, niveles altos de la hormona causaba que ellas estuviesen más involucradas en contemplar al infante, en tocarlo afectuosamente y en hablarles cantando. Los padres con alta oxitocina jugaban más con el niño, el cual en respuesta les demostraban más apego.

"Padres y madres contribuyen en una forma muy específica y diferente" al desarrollo social y emocional del infante, dice Feldman.

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