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domingo, 4 de julio de 2010

Apoyo en lugares inesperados: Gloria Steinem en The Colbert Report


Debo confesar que soy gran fanático de Comedy Central, el canal de cable dedicado exclusivamente a programas de comedia.  The Daily Show with Jon Stewart y The Colbert Report, con mi vecino de Montclair Stephen Colbert, son programas que nunca me pierdo.

El pasado 22 de junio, Stephen entrevistó a Gloria Steinem (25 de marzo de 1934), el icono del feminismo americano.  Steinem, periodista, activista social y político, fue líder y portavoz del Movimiento de Liberación de las Mujeres en los años 1960 y 1970, y sigue siendo todavía una figura prominente y un referente importante del movimiento.

Durante la breve pero interesante entrevista, Stephen le pidió hacer un comentario acerca de su declaración de que era injusto con las mujeres pedirles que tengan carreras profesionales y y que también críen a sus hijos.  En sus comentarios, y para mi grata sorpresa, Steinem argumentó a favor de que hombres y mujeres compartan las responsabilidades de la crianza, señaló como un avance social el hecho de que el movimiento a favor de los derechos de los hombres está luchando para que los hombres tienen un papel más activo en la crianza de los hijos, y se quejó de que las leyes de los EE.UU. dificulten a los hombres participar como padres con igual derechos que las mujeres.

He dicho anteriormente que en cuanto a las leyes de familia, algunas formas de feminismo no son verdadero feminismo, sino supremacismo femenino, una especie de “machismo invertido" en el cual las mujeres quieren tener sobre los hombres el mismo control que los hombres solían tener sobre ellas.  Estas falsas feministas quieren igualdad en todo, excepto en materia de familia, y cuando se divorcian, le quieren negar los hombres su derecho a ser padres de sus hijos.  Si estas así llamadas feministas lo fueran verdaderamente, habrían comprendido que poner sobre la mujer todas las responsabilidades de crianza de los hijos es sólo una forma de preservar la desigualdad de género, y estarían luchando por la igualdad de derechos de ambos géneros en las cortes de familia.  Si alguien te pregunta quién dijo esto, puedes responder:  Gloria Steinem lo dijo.

domingo, 17 de enero de 2010

Cathy Young y la guerra de los géneros

Cathy Young (Moscú 1963), autora, oradora, y columnista regular para The Boston Globe y Reason, sus artículos han aparecido también en el New York Times, The Wall Street Journal, The Washington Post, The Philadelphia Inquirer, Newsday, The American Spectator, Salon.Com, National Review, y The New Republic. Publicó en el 1999 el libro Ceasefire!: Why Women and Men Must Join Forces to Achieve True Equality ((Alto al fuego! Por qué mujeres y hombres deben unir fuerzas para alcanzar verdadera igualdad).

En su libro, Young declara que no hay una Guerra en contra de las mujeres, y refuta un serie de asuntos controversiales, desde la incidencia de violencia doméstica (no es tan frecuente como los medios de comunicación feministas quieren hacernos creer), la naturaleza de la violencia doméstica (ella afirma que la violencia doméstica es una calle de dos direcciones: investigadores de la Universidad de New Hampshire reportan consistentemente que las mujeres inician violencia física tan frecuentemente como los hombres. Además estudios recientes revelan que las lesbianas tienen también una alta frecuencia de violencia hacia sus compañeras. Los medios de comunicación esconde o reporta mal estos datos, fomentando de esta forma legislación construida sobre presunciones falsas), que la violencia masculina está dirigida principalmente en contra de las mujeres, o que las niñas son ignoradas en el salón de clase.

Ella ofrece evidencia que éstos y otros credos feministas básicos están equivocados, debido principalmente a la propensión feminista a la exageración, al estereotipo, a la sobregeneralización basadas en poca o ninguna evidencia.

Young argumenta que la batalla por la igualdad de derechos no es una excusa para retratar a los hombres como fundamentalmente malévolos. Ella explica que en los '80s, un sector radical del feminismo se convirtió en el principal y la igualdad para las mujeres comenzó a significar desigualdades para los hombres; es en este momento cuando ella y muchos otros se volvieron parte de una nueva marca de feminismo que busca una verdadera igualdad.

Un buen ejemplo de esta actitud hacia una igualdad desigual, y la que más le importa a nuestra causa, es la actitud de estas feministas hacia la custodia compartida. Mientras que condenan a los hombres por no contribuir lo suficiente en la crianza de los hijos, al mismo tiempo exigen que las mujeres tengan automáticamente la custodia de los hijos posterior al divorcio, porque ellas tienen la capacidad inherente de cuidar niños, mientras que los hombres no. Young establece un punto interesante aquí: como creía la moral victoriana, estas feministas creen que las mujeres son los frágiles guardianes del bien que deben ser colocadas en pedestales y protegidas. Young inteligentemente señala esta "extraña convergencia de feminismo radical y conservadurismo patriarcal – y la enajenación de ambas ideologías de la vida real”. Extrañamente, los argumentos los fundamentalistas cristianos de los “Promise Keepers” y la Organización Nacional de Mujeres están basados en las mismas premisas.

Young creen que mujeres y hombres deben aprender a llevarse bien. Las mujeres tienen hijos, esposos, padres y hermanos. Porque tenemos familias, no podemos batallar uno en contra del otro, tenemos que trabajar juntos, tenemos que buscar el bienestar el uno del otro. En el capítulo final de Ceasefire, Young propone un programa de doce pasos para detener la guerra de los géneros. Estos pasos incluyen:

-No asumir que el sexismo es la raíz fundamental de de los problemas de la mujeres.

-Rescribir las leyes de acoso sexual.

-Exigir que maridos y esposas tengan igualdad como padres.

-Sacar a la política de géneros de la Guerra sobre violencia doméstica.

-Parar de actuar como si los reclamos de las mujeres fueran más legítimos que los de los hombres.

En síntesis, el libro está bien escrito, bien argumentado, y cuidadosamente razonado, el libro que debe ser leído por cualquiera interesado en una verdadera igualdad entre los géneros.

domingo, 5 de abril de 2009

El efecto Lucifer

El psicólogo social Philip Zimbardo dirigió en 1971 el Stanford Prison Experiment, en el cual estudiantes universitarios voluntarios asignados al azar a ser guardias o confinados en una prisión simulada. Aquellos estudiantes actuando guardias exhibieron comportamiento sadista, cruel, autoritario y abusivo.

En su libro The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil (Random House, 2008), Zimbardo conecta ejemplos históricos de injusticia y atrocidad, especialmente el de la prisión Abu Ghraib en Irak. Encontró que casi cualquier persona, dada las influencias "situacionales" correctas, puede ser empujado a abandonar sus escrúpulos morales y a cooperar con la violencia y la opresión. Él insiste que en casos como el de Abu Ghraib, debemos culpar a la situación y al sistema que la construye.

Cualquier grupo que tenga poder sin supervisión o responsabilidad por sus acciones, hará lo mismo que los estudiantes del Stanford Prison Experiment hicieron, volviéndose sádicos, crueles, autoritarios, y abusivos. Recuerden cuando a los alemanes arios les permitieron hacer a los judíos alemanes lo que ellos quisieran sin ninguna consecuencia legal. Recuerden los horrores de Rwanda, cuando a los Hutus se les permitía y estimulaba a matar Tutsis. Nosotros, los seres humanos, somos un animal peligroso.

Lo he dicho antes: el problema con las cortes de familia no son las mujeres, es adjudicar poder casi absoluto a un género específico, estableciendo una jerarquía que en esta caso está basado en el género, pero puede basarse (y ya lo ha estado anteriormente) en raza, etnia, religión, etc. Los problemas que los padres confrontan en el mundo occidental, son confrontadas de una manera aún más terrible por las madres en el mundo oriental y en África. El problema no son las mujeres, son las estructuras sociales, legales y políticas que sostienen la desigualdad entre los géneros.

domingo, 29 de marzo de 2009

Los roles de género y el status quo

Dato #1: Las mujeres están en una situación desventajosa en el mundo del trabajo.

Dato #2: Los hombres están en una situación desventajosa en las cortes de familia.

Dato #3: El propósito político del sistema legal es preservar el status quo.

El asunto de la desigualdad entre los géneros es, de hecho, un asunto sobre cómo las sociedades desarrollan su aproximación a los roles de género. Los roles tradicionales asignados a hombres y mujeres, en los cuáles los hombres eran asignados al mundo del trabajo y las mujeres estaban limitadas al reino de lo doméstico, son despiadadamente preservados por nuestro sistema legal y por la red de estructuras social que lo sostienen.

Alguien pudiera contestar que el sistema legal ha pasado leyes que establecen la igualdad entre los géneros en el mundo del trabajo y en las cortes de familia, pero la realidad es que el mismo sistema legal que ha pasado estas leyes es el que bloquea su aplicación mediante la intrincada colocación de obstáculos financieros y procesales, con el solo propósito de desalentar a las víctimas de discriminación de reclamar sus derechos.

Ya es tiempo de actualizar no solamente las leyes, sino también a los procesos legales de aplicarlas, de manera que los procesos en las cortes armonicen la etapa actual del desarrollo de las sociedades modernas, en la cual las mujeres son parte necesaria de nuestra fuerza trabajadora, y los hombres cuidan a sus hijos en los hogares encabezados por parejas casadas. Los géneros deben ser iguales en todos los campos de nuestras vidas.

Así que luchamos por la igualdad entre los géneros. Los tiempos lo exigen. Y nuestros hijos la están esperando.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Por los derechos de las mujeres


Digo que los derechos de los hombres no son sólo los derechos de los padres: son también los derechos de las mujeres.

Digo que nuestra lucha por los derechos de los hombres es también la lucha por los derechos de las mujeres, por que si bien es cierto que en las cortes de familia aún la balanza se inclina a favor de las madres, en un futuro muy cercano, cuando las leyes protejan los derechos de ambos progenitores no importa su género, debemos asegurarnos de que esas leyes estén formuladas de manera que la balanza no se incline en la dirección contraria, algo que ha ocurrido infinitas veces en la historia cuando llega el momento de los ajustes y la correcciones (¿recuerdan la Revolución Francesa? ¿Y a la violencia urbana desatada en la Sudáfrica posterior a la caída del apartheid?). Sólo mediante leyes claras y cortes justas podremos realizar esta tarea.

Digo que nuestra lucha por los derechos de los hombres es también la lucha por los derechos de las mujeres, porque el actual estado de las leyes perpetúa el fósil ideológico que afirma que los hombres pertenecen a la calle y las mujeres a la casa con los niños, limitando así el espectro de acción de las mujeres divorciadas con hijos. Y esto va desde lo extraordinario a lo ordinario, desde la mujer que desde que se divorció ha tenido que relegar su carrera profesional a un segundo plano porque no tiene tiempo para ella, hasta la que, como una mujer confesó a un militante pro custodia compartida en Puerto Rico hacía años que no iba al cine porque la situación posterior al divorcio había truncado su vida social. Luchamos por leyes justas que asignen iguales responsabilidades a hombres y a mujeres, leyes que inserten a los hombres en la vida familiar que les corresponde por derecho propio, y liberarían a las mujeres de tener que cargar totalmente con la crianza de los hijos.

Digo que nuestra lucha por los derechos de los hombres es también la lucha por los derechos de las mujeres, porque en el estado actual de las cosas, a aquellas mujeres que les ha tocado vivir con hombres divorciados con hijos, viven con la tensión continua de compartir la presión emocional social y económica a la que las leyes actuales les somete. No hay peor enemigo para un nuevo matrimonio que una antigua esposa que se dedique a sabotearlo.

Digo que nuestra lucha por los derechos de los hombres es también la lucha por los derechos de las mujeres, porque muchísimas tías, abuelas, madrinas y otros familiares de hijos de padres divorciados se ven negadas de contacto con los niños que aman, porque cuando las cortes bloquean el contacto de los padres con sus hijos no sólo los bloquean a ellos, sino a toda su familia.

Es por todo esto que no es extraño entonces que líderes de grupos pro custodia compartida, como Ana Isabel Gorduño de Amor de Papá en México y Anneliese Garrison de Parents Without Custody of Southern New Jersey sean mujeres. Ellas han comprendido qué es lo que está en juego en esta lucha.

Ya es hora de que hombres y mujeres seamos iguales ante las leyes. Luchemos por conseguir esta igualdad. Nuestros hijos nos esperan.

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